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Reflexiones por Pesaj: Rabino Gabriel Pristzker

Entre Pesaj y Pascua: El  coraje de empezar de nuevo

Hay algo muy humano y profundamente espiritual en estos días. Algo que no depende del calendario religioso que cada uno, en su propia tradición siga, sino de una experiencia compartida: la sensación de estar atravesando un umbral. De dejar algo atrás. De animarse, aunque sea un poco, a empezar de nuevo.

Para quienes celebramos Pesaj, volvemos a contar la historia de la salida de Egipto. No como un recuerdo lejano, sino como un espejo. Egipto, en hebreo Mitzraim, también significa “estrechez”. Y cada uno sabe, si se detiene un segundo, cuáles son sus propias estrecheces hoy: un vínculo que pesa, un miedo que paraliza, una rutina que asfixia.

Para quienes celebran las Pascuas Cristianas, la narrativa también gira en torno a lo mismo, aunque con otros símbolos: atravesar el dolor, la pérdida, la oscuridad… y aún así abrirse a la posibilidad de vida, de renovación, de sentido.

Distintas tradiciones. Un mismo pulso.

Y quizás ahí está lo más interesante para nosotros, viviendo en un lugar como Nordelta, donde conviven historias, familias y trayectorias tan diversas: darnos cuenta de que, más allá de las formas, todos estamos lidiando con lo mismo.

Todos, en algún punto, queremos salir de algo. Todos necesitamos creer que hay un “después”.

Pero… hay una trampa sutil en estas fechas. Pensar que la libertad o la renovación son grandes gestos, decisiones épicas, momentos extraordinarios.

Y la tradición, tanto judía como cristiana,  insiste en otra cosa: Que la transformación empieza en lo pequeño. En ese instante casi invisible en el que ibas a reaccionar de la misma manera de siempre… y elegís distinto.

En esa conversación que evitabas… y finalmente te animás a tener. En ese perdón que no te sale del todo… pero igual empezás a ensayar.

Ahí empieza la salida. Ahí empieza la resurrección. No en los relatos antiguos, sino en la vida concreta de cada uno.

Tal vez este sea el verdadero mensaje compartido de estos días: no estamos llamados a ser perfectos, sino a estar en movimiento. A no quedarnos atrapados en nuestras propios  “Egiptos”. A no resignarnos a que lo que es, sea lo único posible.

Y si algo define a una comunidad, religiosa o no,  es justamente esto: recordarnos unos a otros que siempre hay una puerta más. Que, incluso cuando no la vemos, existe. Que, a pesar de que cuesta, vale la pena dar el paso.

Porque, al final, tanto Pesaj como Pascua nos susurran lo mismo, con distintos lenguajes: Que la vida, cuando se la elige de verdad,  siempre tiene la capacidad de volver a empezar.

Con deseos de re-inicios personales y comunitarios,

Rabino Gabriel Pristzker de Judaica Norte

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