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viernes 21 de agosto de 2026

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Tigre: el colegio de Las Tunas donde el 87% de sus egresados estudia o trabaja

En el barrio Las Tunas, a pocos minutos de Nordelta, el Colegio María de Guadalupe logró que el 87% de sus egresados estudie o trabaje y que uno de cada dos acceda a la universidad. El resultado contrasta con un informe de Argentinos por la Educación que indica que el 59% de los adolescentes de 15 años de los hogares de menores ingresos no logra imaginar qué ocupación tendrá a los 30.

El Colegio María de Guadalupe trabaja desde los primeros años de escolaridad para que sus alumnos puedan pensar qué quieren hacer después de terminar el secundario. La institución, que tiene sedes en Las Tunas, Tigre, y Garín, Escobar, acompaña principalmente a chicos de contextos vulnerables.

Según datos del colegio, el 87% de sus egresados estudia o trabaja y, dentro de ese grupo, un 25% combina ambas actividades. Además, uno de cada dos estudiantes accede a la universidad.

Los números adquieren otra dimensión al compararlos con el informe “Ocupación futura”, de Argentinos por la Educación. El estudio señala que el 59% de los adolescentes de 15 años pertenecientes al quintil de menores ingresos no puede identificar qué trabajo o profesión le gustaría tener a los 30 años. Entre los jóvenes del quintil de mayores ingresos, el porcentaje baja al 39%.

“Nosotros trabajamos en contextos vulnerables y vemos que, cuando las necesidades básicas no están cubiertas, es muy difícil pensar a futuro. Muchas veces lo urgente tapa lo importante”, explicó Catalina Ferreccio, directora del Programa de Orientación Vocacional, Mentoría e Inclusión Laboral del Colegio María de Guadalupe, en una entrevista publicada por LA NACION.

Para trabajar sobre esa dificultad, el colegio incorporó una materia denominada Desarrollo Personal y Social, que comienza en el nivel inicial y continúa hasta la secundaria. Allí se abordan habilidades socioemocionales, autoconocimiento, toma de decisiones y proyecto de vida.

El acompañamiento se completa con tutorías, orientación vocacional y mentorías. Estas últimas permiten que los estudiantes conozcan profesionales vinculados con las áreas que les interesan y tengan contacto con recorridos laborales que muchas veces no forman parte de su entorno cotidiano.

También realizan visitas a universidades, empresas y otros espacios fuera del barrio. La propuesta busca ampliar las alternativas que los jóvenes conocen antes de decidir qué hacer una vez terminado el colegio.

“No pueden elegir algo que no conocen. Nuestro desafío es abrirles ese mundo, mostrarles opciones, ayudarlos a imaginar que pueden construir un proyecto distinto”, señaló Ferreccio.

Ese trabajo también se refleja en las carreras elegidas. A opciones que tradicionalmente aparecían entre los estudiantes, como programación, docencia o educación física, se sumaron en los últimos años diseño, marketing, comunicación, psicología, kinesiología, ingeniería e inglés.

El María de Guadalupe obtuvo además reconocimiento internacional en 2024, cuando fue distinguido con el World’s Best School Prize en la categoría de colaboración con la comunidad.

Para Ferreccio, el acompañamiento no depende solamente de la escuela. “Los chicos necesitan adultos que los miren, los acompañen y crean en ellos”, sostuvo. Familias, docentes, tutores, mentores y referentes comunitarios forman parte de un proceso que, según explica, puede extenderse durante años.

La experiencia que se desarrolla en Las Tunas muestra cómo el acompañamiento desde edades tempranas, el contacto con nuevos ámbitos educativos y laborales y la orientación vocacional pueden ampliar las posibilidades que los adolescentes contemplan para después de terminar la escuela.

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