En Nordelta y en las cafeterías de toda la Argentina, el 30 de enero se celebra el Día Internacional del Croissant, un clásico europeo que en los últimos años ganó protagonismo, aunque todavía convive con una tradición local que sigue siendo imbatible: la medialuna.
Aunque suele asociarse directamente con Francia, el origen del croissant se remonta a Viena, en el siglo XVII. Según la enciclopedia Larousse Gastronomique, fue en 1683 cuando panaderos vieneses crearon una pieza con forma de media luna —kipferl— para celebrar la derrota del Imperio Otomano durante el sitio a la ciudad. Décadas más tarde, la receta llegó a París y se transformó en uno de los emblemas de la gastronomía francesa.
Con el tiempo, el croissant evolucionó hacia la versión hojaldrada que hoy conocemos, elaborada con capas finísimas de masa y manteca, un proceso que exige precisión y define su textura aireada y crujiente. En los últimos años, además, se multiplicaron las variantes: rellenos de chocolate, almendras, pistacho e incluso híbridos como el cronut.

Sin embargo, en la Argentina el croissant se encontró con una figura ya consagrada. Más pequeña, brillante y muchas veces bañada en almíbar, la medialuna es parte del ritual cotidiano: el desayuno en un bar, la docena compartida en la oficina o el acompañamiento infaltable del mate.
Las diferencias son claras: el croissant suele ser más grande, menos dulce y con un hojaldrado más marcado, mientras que la medialuna tiene una miga más compacta y un sabor más tradicional. De hecho, estudios como “Taste Tomorrow”, de la firma Puratos, señalan que el 82% de los consumidores argentinos prefiere sabores clásicos, un dato que ayuda a explicar por qué la medialuna mantiene su lugar privilegiado.
“La tradición también dialoga con la innovación. Lo cierto es que ambos productos pueden convivir y potenciarse, siempre que se respeten sus identidades”, sostiene Sofía Mallaviabarrena, Regional Marketing Manager de Puratos.

El Día Internacional del Croissant es así una excusa perfecta para homenajear una elaboración que atraviesa fronteras, pero también para reafirmar una costumbre bien argentina: la medialuna, siempre presente en la mesa local.










