Mónica Álvarez, vecina del barrio Los Sauces de Nordelta, incorporó el compostaje como parte de la rutina de su familia y asegura que el cambio se refleja rápidamente en la cantidad de residuos que generan. En su casa viven cuatro personas y, entre el compostaje y la separación de reciclables, sacan solamente una bolsa de residuos por semana.
Separar los residuos orgánicos que se generan todos los días en la cocina puede parecer complicado al principio, pero con el tiempo se transforma en una práctica cotidiana. Esa es la experiencia de Mónica Álvarez, vecina de Los Sauces, quien además integra la Comisión de Medio Ambiente de su barrio.
“Claramente compostar es un hábito. Una vez que lo hacés, después ya no lo pensás, lo replicás y listo. Lo importante es tener un cesto o bolsas de papel madera cerca del tacho de residuos en la cocina y tener constancia de tirar ahí los elementos que sirven para compostar”, explica.
En su caso, la diferencia es concreta. “Es increíble como enseguida notás que se reducen los desechos húmedos en tu casa. Nosotros somos 4, y sacamos solo una bolsa por semana. El resto lo transformamos en compost o lo hacemos parte de la cadena de reciclaje en las distintas opciones que tenemos en el barrio”, cuenta.
Según los datos aportados, el 50% de los residuos que genera Nordelta son orgánicos. Compostarlos permite reducir la cantidad que termina en las bolsas negras y, al mismo tiempo, obtener abono que puede utilizarse en jardines, canteros y huertas.
Mónica utiliza en su casa una compostera con seis cajones de madera y aprovecha el material que obtiene en su propia huerta y los canteros.
En Los Sauces, un barrio de 350 lotes, también existen diferentes alternativas para separar residuos. Cerca de la guardia funciona un sector donde los vecinos pueden disponer PET, otros plásticos, pilas y aceite de cocina destinado a la producción de biodiesel.
“Más de un 40% de los vecinos de Los Sauces separa correctamente los residuos”, señala Álvarez.
Además, se encuentra en estudio la implementación de una compostera comunitaria en el barrio, siguiendo experiencias piloto que AVN ya desarrolla en Barrancas del Lago y El Palmar.
La preocupación ambiental de Mónica también forma parte de su actividad profesional. Es contadora egresada de la UBA, se capacitó en Responsabilidad Social Empresaria y desarrollo sostenible y actualmente trabaja en consultoría de Triple Impacto, acompañando a empresas en procesos vinculados con la economía circular.
“Con toda la experiencia y las herramientas que tenía, decidí poner el foco en colaborar con empresas que quieren ser más sostenibles”, explica.
El compostaje domiciliario también se vincula con las nuevas exigencias para los barrios cerrados y clubes de campo bonaerenses. La Resolución 190/24 del Ministerio de Ambiente de PBA establece la implementación de planes de gestión de residuos y fija objetivos progresivos para el tratamiento de los residuos orgánicos domiciliarios.
Para Mónica, sin embargo, el primer paso puede empezar mucho más cerca y de una manera sencilla: separar en la cocina aquello que puede transformarse en compost. Una práctica que en su casa ya forma parte de la rutina y que también comienza a extenderse entre vecinos de Nordelta.










