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jueves 5 de noviembre de 2026

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Ansiedad en tiempos de pantallas: cuando estar conectados no nos deja desconectar

Por Lic. Natalia Evangelina Cassaniti *

Las redes sociales, las notificaciones y la necesidad de estar siempre disponibles están transformando nuestra manera de relacionarnos, descansar y gestionar las emociones. ¿Qué impacto tiene esta hiperconexión en nuestra salud mental?

Vivimos en una sociedad en la que estar conectados se volvió casi una obligación. Apenas nos despertamos, miramos el celular; durante el día respondemos mensajes, revisamos notificaciones y recorremos las redes sociales. Incluso en nuestros momentos de descanso seguimos pendientes de una pantalla. Esta hiperconectividad, que muchas veces naturalizamos, puede generar una sensación permanente de urgencia, sobreestimulación y dificultad para desconectar mentalmente.

Uno de los fenómenos más frecuentes es la ansiedad que produce la necesidad de estar disponibles y de recibir respuestas inmediatas. Un mensaje que no llega, un visto sin respuesta o una publicación que no recibe la interacción esperada pueden despertar inseguridad, frustración y pensamientos anticipatorios. A esto se suma la comparación constante con las vidas aparentemente perfectas que vemos en las redes. Sin darnos cuenta, podemos comenzar a medir nuestro bienestar, nuestros logros e incluso nuestro valor personal a través de la mirada de los demás.

En adolescentes, esta dinámica merece especial atención, ya que están atravesando una etapa fundamental en la construcción de su identidad y autoestima. La búsqueda de aceptación, el miedo a quedar excluidos y la necesidad de pertenecer pueden intensificarse en los entornos digitales. Sin embargo, los adultos tampoco estamos exentos: la presión por responder, la sobreinformación, las exigencias laborales y la dificultad para establecer límites tecnológicos pueden afectar el descanso, la concentración y el bienestar emocional.

Desde la psicología, es importante comprender que el problema no son las pantallas en sí mismas, sino el vínculo que construimos con ellas. Las redes sociales también permiten aprender, trabajar, expresarnos y mantener relaciones significativas. La clave está en recuperar la capacidad de elegir cuándo conectarnos y cuándo desconectarnos. Establecer momentos libres de pantallas, evitar revisar el celular antes de dormir, silenciar notificaciones innecesarias y priorizar encuentros presenciales son pequeñas decisiones que pueden favorecer un uso más saludable de la tecnología.

Tal vez la pregunta más importante no sea cuánto tiempo pasamos conectados, sino qué estamos dejando de vivir mientras miramos una pantalla. Aprender a tolerar la espera, el silencio y los momentos sin estímulos también forma parte del bienestar psicológico. Y cuando la ansiedad, la comparación o la dependencia de las redes comienzan a interferir en nuestra vida cotidiana, buscar orientación profesional puede ayudarnos a recuperar el equilibrio. Porque estar conectados con el mundo no debería significar estar desconectados de nosotros mismos.

*Lic. Natalia Evangelina Cassaniti  – Psicóloga – Universidad de Buenos Aires (UBA).

Atención psicológica de adolescentes y adultos online y en General Pacheco, Zona Norte. 
Instagram: @lic.nataliacassanitipsicologa

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