Carina —de 48 años, casi 49— encontró en la adversidad una puerta hacia una nueva vida. Su emprendimiento nació en plena crisis económica y hoy crece feria tras feria, con productos únicos, una comunidad que la elige y una convicción profunda: transformar energía en bienestar.
Su historia comenzó en 2021, en el momento más crítico. Carina trabaja desde hace 27 años como analista de sistemas en una reconocida empresa láctea que, como tantas, atraviesa un proceso de crisis desde 2017. Los sueldos se pagaban en cuotas, con montos reducidos, y todo se volvió aún más difícil cuando su marido —tras 30 años en la misma compañía— fue despedido sin cobrar aún su indemnización. Durante la pandemia, él llegó a percibir apenas un 10% del sueldo. El hogar quedó de golpe sin ingresos estables.

En medio de esa incertidumbre, Carina decidió apoyarse en algo que la acompañaba desde los 24 años: su formación en terapias holísticas, metafísica y herramientas de armonización energética. Durante la pandemia continuó capacitándose y descubrió un obstáculo que se convirtió en oportunidad: conseguir productos para sus prácticas era difícil, estaban dispersos y había que comprarlos en distintos lugares.
Ahí nació su idea. Y nació, como ella dice, “de a poquito, un poquito de acá y un poquito de allá”.
Junto a su marido, armaron una tienda holística que comenzó ofreciendo saumerios y luego sumó orgones, cristales, oráculos, geometrías sagradas, botellas de solarización, agua florida, sprays áuricos y decenas de herramientas usadas en reiki, armonización, meditación y sanación energética. Él desarrolló la tienda online; ella grabó los videos, asistió a cursos y diseñó la propuesta. Todo a pulmón.
Cuando las restricciones terminaron, Carina dio el siguiente paso: salir a ferias. Comenzó en ferias pequeñas, económicas y con poco público, y su nombre empezó a circular. En 2025 dio un salto decisivo: se animó a ferias más grandes, incluso en el Barrio Chino, donde le fue “excelente”. Ese impulso permitió ampliar productos, invertir y profesionalizar su marca.

Así fue como llegó a Fundación Nordelta.
Buscando nuevas ferias, investigó, comparó y eligió participar. La experiencia —cuenta— fue muy positiva: “Me encantó la organización, la calidad humana y todo el acompañamiento, tanto antes como durante la feria”. Aunque ese día particular fue más tranquilo de lo habitual, para Karina la feria de Fundación Nordelta sigue siendo un espacio al que desea volver: “Apuesto a volver el próximo año porque me sentí muy cómoda”.

Hoy, su tienda holística es un emprendimiento sólido que crece cada fin de semana en ferias de la región. Lleva su gazebo, mesas, decoración y decenas de productos energéticos que ella misma selecciona y recomienda con conocimiento y respeto. Él —su compañero de vida— continúa acompañándola en cada montaje, demostrando que este proyecto es una construcción conjunta.
Karina no solo vende productos: transmite herramientas, acompaña, armoniza, escucha. Lleva su historia en cada feria, demostrando que de una crisis puede nacer un camino luminoso.
Su mensaje, como emprendedora que atraviesa ferias todos los fines de semana, es claro: “En este mundo, cada feria es distinta. Pero lo importante es animarse, trabajar y seguir creciendo”.
Y eso es exactamente lo que está haciendo.
Instagram: @oom_tiendaholistica_









