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Nordelta: El esfuerzo de una familia y el apoyo de Fundación Nordelta transformaron la vida de Clarita Vargas

Clarita Vargas, de 19 años, acaba de terminar el secundario tras superar enormes desafíos. Con hipoacusia bilateral profunda, un implante coclear y el apoyo fundamental de la Fundación Nordelta, logró ser escolta de su colegio y sueña con estudiar diseño gráfico.

La historia de Clarita comenzó con la incertidumbre de sus primeros años, cuando los médicos aseguraban que con estimulación temprana lograría hablar. Sin embargo, su mamá, al notar que algo no estaba bien, insistió hasta que una audiometría confirmó que Clarita no escuchaba. “Tenía tres años y no hablaba. Le hicieron un potencial evocado y supimos que el oído derecho tenía más pérdida, y el izquierdo un resto auditivo, pero no era suficiente para que escuchara”, relata su mamá.

Gracias al consejo de su abuela, la familia llegó a la Fundación Nordelta, que los orientó en cada paso del camino. Desde conseguir audífonos usados hasta tramitar el Certificado Único de Discapacidad (CUD) y una beca para que Clarita pudiera asistir al colegio Las Lomas Oral, especializado en niños con dificultades auditivas. “La fundación nos acompañó bastante, nos ayudaron con todo lo que necesitábamos, desde los trámites hasta orientarnos con el colegio”, destaca emocionada la mamá de Clarita.

Aunque los audífonos le permitieron avanzar un poco, el verdadero cambio llegó cuando, a los 8 años, Clarita recibió su primer implante coclear. “Fue un cambio total. Escuchó hasta el sonido de los pajaritos, el agua de la ducha, cosas que nunca había percibido. Fue una transformación enorme para ella”, recuerda. Ese progreso no solo mejoró su audición, sino también su capacidad de integración en las clases y su participación en actividades como natación y colonias de verano.

Con el tiempo, Clarita pasó de Las Lomas Oral a un colegio común, siempre acompañada por maestras integradoras que la guiaron en su aprendizaje. Ahora, con la secundaria completa y el orgullo de haber sido escolta en su acto de fin de año, sueña con estudiar diseño gráfico. Aunque las aulas numerosas de la UBA representan un desafío por las dificultades actuales de su procesador auditivo, la familia, con el respaldo de la Fundación Nordelta, evalúa nuevas opciones.

“Marité, de la fundación, me dijo que podríamos conseguir una beca en la Universidad de San Isidro, donde está la carrera que Clarita quiere. Vamos a intentar por ese lado para que ella pueda cumplir su sueño”, afirma la mamá, con la determinación que la ha acompañado a lo largo de este camino.

La historia de Clarita es un ejemplo del poder del esfuerzo familiar, el apoyo institucional y las oportunidades que brindan las organizaciones como la Fundación Nordelta. Una joven que superó barreras para alcanzar sus metas y que demuestra que con amor y compromiso, los sueños se pueden lograr.

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