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jueves 13 de agosto de 2026

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¿Vuelve el face to face?

Por Fabiana Cianfanelli

 Cuando era joven (me niego a dar el número de DNI) conocíamos a pibes en fiestas, casamientos, eventos deportivos, o alguna amiga se apiadaba y nos “liberaba” a su hermano. Suena prehistórico, ¿no? La verdad que había que remarla. No se crean que era fácil, porque antes de llegar a un beso o a una salida, primero había que hacer un cuestionario agotador, desde cómo te llamás hasta de qué signo sos.

Pero teníamos algo a favor, la posibilidad de mirarnos a los ojos, de percibir (reconozco que la intuición femenina a veces falla) qué intenciones había del otro lado. Y, sobre todo, había un hormigueo. Esa ansiedad pre, durante, y si todo salía bien, post encuentro. No sé qué explicación neurocientífica tendrá (seguro que la hay), pero para los que no la conocieron, te mantiene ahí arriba, como flotando. Y ni les cuento si había “match”. Ojo, no es lo que es hoy. El match de aquella época es lo que ahora llamamos “conexión”, dos personas que sintonizan la misma frecuencia y sienten que, por un rato o por mucho tiempo, pueden caminar juntas.

Todo cambia, y esos match personales se convirtieron en virtuales. Alcanza con dar «me gusta» en un perfil (no las conozco, pero imagino que debe ser así), que seguramente tendrá forma de corazón, y si ambos coinciden, tendrán la fortuna de conocerse o solamente seguir chateando.

Parecía un modelo práctico. No perdías el tiempo en preguntas inútiles, no te quedabas en la barra del boliche dos horas escuchando cómo le gustaba jugar al fútbol cuando vos solo querías bailar y ver qué onda cuando pasaban un lento. Daba la sensación de que las aplicaciones de citas llegaban para quedarse, más potenciadas por la pandemia y los aislamientos forzosos. Pero pareciera que no.

Después de años de match virtuales, la cita presencial vuelve a hacerse un lugar en los rituales sociales de encuentro, incluso como parte de las propias apps de citas, que ya empiezan a incluir eventos offline. De alguna forma, es una vuelta a los tiempos de la prehistoria.

Esta realidad se vio reflejada hasta en un número especial de The New York Magazine, titulado “¿Las citas son una pesadilla total para vos en este momento? No estás sola”, donde señalaban que intentar tener citas siendo mujer joven se volvió tan malo que se volvió viral, en TikTok circulan testimonios de mujeres contando entre lágrimas sus peores experiencias recientes con varones. La conclusión de la nota es contundente, no solo el mercado de las citas está más difícil que nunca, también hay una fatiga generalizada con las dating apps.

Lo asimilo a lo que pasó con el vinilo, en algún momento usamos el discman, después vino la música digital, y ahora estamos escuchando vinilos, again.

Como ustedes saben, me gustan los datos para validar lo que percibo. Según un informe de TBWA Worldwide de 2025, el 79% de la generación Z y el 80% de los millennials se sienten “frustrados por la falta de conexiones profundas, la fatiga emocional y la saturación de opciones”. A su vez, una encuesta del Journal of American College Health indica que el 69% de los jóvenes considera que las redes sociales impactan negativamente en su salud mental por la sobrecarga de información. Es lo que se llama “dating burnout”. Esta vez la palabra no la inventé yo.

El dating burnout no tiene una forma específica, pero puede manifestarse como cansancio emocional, baja autoestima, sensación de no estar a la altura. Como si uno mismo fuera el problema por no lograr conectar.

Y ni hablemos de que vivimos en una sociedad que nos empuja a buscar pareja rápido, a evitar la soledad y a estar siempre disponibles. Por eso la búsqueda de vínculos puede volverse una presión más que un deseo. ¿No les pasa si tienen un hijo soltero que les preguntan “sale con alguien”? Como si esa fuera la fórmula de la felicidad.

Ojo que hay que saber estar solos y sentirse bien con eso. Ahí reside más sabiduría que en cualquier IA. Porque conocerse y aceptarse es un desafío que se les da a pocos. Y disfrutar de esa “soledad” en compañía de uno mismo ya es una maestría, o un doctorado.

Volver al deseo real, ese que nace del cuerpo, la emoción y la presencia, puede ser el primer paso para reconectar con lo que de verdad importa. ¿Qué pasaría si dejáramos de buscar tanto y empezáramos a encontrarnos más?

En persona se ve la química, en el puro presente, donde no hay que explicar la ironía y los gestos reales despiertan emociones.

Como dicen en El Eternauta, lo viejo funciona.

Podes escribirme a cianfanellifabiana@gmail.com

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