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miércoles 24 de junio de 2026

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El capitán de tu mente: cuando el Mundial también se juega en la cabeza

Por Lic. Ruth Erica G. Ancona 

Faltan pocas horas para el partido y ya estamos haciendo cuentas, repasando posibles formaciones, imaginando resultados y discutiendo cada detalle. Todavía no empezó el encuentro, pero nuestra cabeza ya está jugando.

Cada cuatro años, el Mundial logra algo que pocos eventos generan: modifica conversaciones, rutinas y estados de ánimo. No solo se ve. Se vive. Y muchas veces también se sufre.

La ansiedad mundialista suele aparecer mucho antes que empiece a rodar la pelota. Se instala en la previa, acompaña durante el partido y, en ocasiones, continúa después del resultado. Pero no llega sola: suele venir acompañada de incertidumbre, esperanza, entusiasmo, miedo o frustración.

Además, el fútbol tiene un fuerte componente emocional y colectivo. Compartimos cábalas, analizamos jugadas y nos contagiamos de las emociones de quienes nos rodean. Por eso hablamos en primera persona: “ganamos”, “perdimos” o “nos hicieron un gol”. El equipo pasa a formar parte de nuestra identidad y lo que ocurre en la cancha impacta directamente en cómo nos sentimos.

La ansiedad puede manifestarse de distintas maneras. A veces aparece a través de pensamientos repetitivos: “lo vamos a perder”, “va a errar el penal” o “ya está, el partido está perdido”. Otras veces se expresa en el cuerpo: nerviosismo, nudo en el estómago, necesidad de caminar, dificultad para quedarse quieto o incluso evitar mirar una jugada decisiva.

Todas estas reacciones son normales. Son respuestas de nuestro organismo frente a una situación que percibe como importante, aunque sepamos que no tenemos control sobre el resultado.

Una buena enseñanza puede venir de quienes están dentro de la cancha. Los jugadores también sienten presión, miedo al error y adrenalina. La diferencia es que entrenan herramientas para gestionar esas emociones y evitar que interfieran en su rendimiento.

Los deportistas de alto rendimiento trabajan especialmente en mantener la atención en el presente. No pueden controlar la jugada que ocurrió hace cinco minutos ni anticipar la que sucederá dentro de diez. Su tarea es concentrarse en lo que está pasando ahora.

Algo similar podemos hacer quienes estamos mirando el partido.

Algunas estrategias simples pueden ayudar:

Identificar qué emoción estamos sintiendo.
Recordar que no podemos controlar el resultado.
Prestar atención a la respiración.
Volver al momento presente cuando la mente empieza a adelantarse.
Compartir la experiencia con otros respetando nuestros propios límites emocionales.

El fútbol despierta emociones intensas porque conecta con nuestra historia, nuestros recuerdos y nuestro sentido de pertenencia. La clave no es dejar de sentir, sino reconocer lo que nos pasa y encontrar herramientas para vivir esa pasión de una manera más consciente y saludable.

*Lic. Ruth Erica G. Ancona (M.N. 68951 | M.P. 99043)

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