En barrios de Nordelta y Villanueva, cada vez más vecinos destinan espacios de sus jardines, galerías y balcones a la producción de verduras, aromáticas y hortalizas para consumo propio. La tendencia combina alimentación saludable, contacto con la naturaleza y prácticas sustentables que encuentran terreno fértil en una zona caracterizada por sus espacios verdes y su vínculo con el entorno natural.
Lejos de requerir grandes extensiones de tierra, las huertas hogareñas pueden desarrollarse en espacios reducidos y adaptarse tanto a casas como a departamentos. Por eso, cada vez son más los residentes que incorporan esta práctica como parte de su rutina diaria.

Para quienes viven en las urbanizaciones de la Ruta 27 o en complejos de departamentos cercanos a Bahía Grande, el primer paso consiste en elegir un lugar que reciba entre cuatro y seis horas de sol por día. La orientación norte o este suele ser la más recomendada para garantizar el crecimiento de la mayoría de las especies.
Otro aspecto importante es la elección del recipiente. En balcones y terrazas, las macetas de geotextil, los cajones de madera acondicionados o las huertas verticales permiten aprovechar mejor el espacio disponible sin resignar productividad.
Los especialistas también destacan la importancia del sustrato. A diferencia de la tierra tradicional de jardín, los cultivos en recipientes necesitan mezclas más livianas y aireadas. Una combinación de compost orgánico, turba y materiales que aporten porosidad suele ofrecer mejores resultados para el desarrollo de las plantas.

Entre las variedades más elegidas para comenzar se encuentran las hojas verdes como lechuga, rúcula y espinaca, que permiten cosechas escalonadas durante varias semanas. También ganan protagonismo las aromáticas como albahaca, romero, tomillo y orégano, que además de utilizarse en la cocina ayudan a repeler algunas plagas de manera natural.
La tendencia también se relaciona con el crecimiento del compostaje domiciliario. Muchos vecinos aprovechan restos de frutas, verduras, filtros de café y hojas secas para producir abono orgánico en sus propios hogares. De esta manera, reducen la cantidad de residuos que generan y obtienen nutrientes para sus cultivos, cerrando un ciclo sustentable dentro de la misma vivienda.
Además de los beneficios vinculados a la alimentación, quienes desarrollan una huerta destacan el valor de la actividad como espacio de relajación y conexión con la naturaleza. Dedicar algunos minutos al cuidado de las plantas se convirtió para muchas familias en una alternativa para bajar el ritmo cotidiano y disfrutar del aire libre sin salir de casa.
Con la llegada de la temporada más fresca, especialistas recomiendan iniciar los primeros cultivos con especies resistentes y de rápido crecimiento. Para muchos vecinos de Nordelta y Villanueva, la huerta orgánica dejó de ser una práctica ocasional para transformarse en una forma simple y accesible de incorporar hábitos más saludables y sustentables.










