Por décadas, la menopausia fue un tema silenciado, asociado a la vergüenza, el envejecimiento y la pérdida de la feminidad. Era como la tía incómoda de la familia hormonal: todos sabían que existía, pero nadie la invitaba a las conversaciones. Hoy, las hijas y nietas de esa generación han sacado el tema del clóset, instalándolo en la agenda pública.
El Trío de la Confusión Hormonal: Clima-qué?
Hablemos claro, que los nombres científicos parecen sacados de una convención de villanos de Marvel, pero son importantes:
Climaterio: Es el término paraguas elegante que abarca todo el proceso de transición. Pensá en él como el tour completo, un viaje hormonal con paradas imprevistas. El destino es la menopausia, pero el camino es… movido.
Perimenopausia: Esta es la fase de la montaña rusa hormonal. Es cuando tu regla decide que el calendario es opcional, y empezas a sentir los primeros flashes de calor (sofocos) mientras te preguntas si ya estás en la menopausia. La perimenopausia es el tráiler de la película. Un adelanto intenso y lleno de suspenso.
Menopausia: ¡El gran hito! Oficialmente, solo ocurre cuando llevas un año entero sin menstruación. Un año. Es la regla de oro, y la única regla que te queda. Es como obtener tu título universitario en Autonomía Hormonal.
Dato, hay mil millones de mujeres que atraviesan la menopausia hoy en el mundo. Y son 37 millones en Latinoamérica. Si ponés a todas esas mujeres juntas, ¡es más gente que en muchos países! Entonces, tarde o temprano, era imposible que esta conversación se mantuviera silenciosa. Lo que pasa ahora es que tal vez seamos una generación que ha perdido la vergüenza. (Y ha encontrado el botón de “compartir” en redes sociales).
Este silencio se alimentaba de la desinformación y la asociación con el ocaso de la belleza, la pérdida del deseo y el valor social. Impulsadas por estas ideas erróneas, muchas mujeres vivían síntomas como sofocos, cambios de humor o problemas de memoria en soledad y sin el apoyo necesario, afectando profundamente su bienestar físico y emocional.
Pensemos que el sofoco es un nuevo súper poder térmico. El famoso sofoco no es un error de sistema, es el cuerpo recordándote que pasaste a ser tu propia estufa. Para combatirlo con estilo, te aconsejo que tengas siempre a mano capas de ropa que puedas quitarte y ponerte en 0.5 segundos. Es como vestirse para una cebolla, pero con más glamour y menos lágrimas.
La niebla mental no es niebla, es un refresh forzoso. Si de repente no recordás dónde dejaste las llaves, el nombre de tu vecino o por qué abriste la heladera, no te asustes. El cerebro está haciendo un “borrado de caché” para concentrarse en lo verdaderamente importante. Consejo: usá notas, post-its y a tu pareja/hijos como agenda andante. Ellos están ahí para algo, ¿no?
Recomiendo para quienes quieren informarse con humor el podcast de Ingrid Beck y Mariana Carbajal, Anti manual para encendidas. (Si el título ya te hace sonreír, sabes que vas por buen camino).
Síntomas y efectos secundarios divertidos (no tanto)
Sueño con horario de adolescente: Te despertas a las 3 a.m. sin razón aparente, mirando el techo y preguntándote si deberías empezar a hacer pan o resolver un crimen. Tu cuerpo decidió que el sueño de belleza era sobrevalorado y ahora te da tiempo extra para la introspección (o para ver realities).
El detector de mentiras emocional: Los cambios de humor son tan rápidos que podrías ganar un récord Guinness. Un segundo estás llorando por un anuncio de comida para perros, y al siguiente sentís una furia digna de un personaje de Game of Thrones. Advertencia: no intentes razonar con tu versión de la 4 p.m. Simplemente ofrecele chocolate y espacio.
Conversaciones sobre la sequedad: Ahora tenes conversaciones con tu mejor amiga que antes estaban reservadas para la consulta de tu ginecólogo. La falta de estrógenos hace que el tema de la lubricación sea tan crucial como el estado del tráfico. La buena noticia es que hemos perdido la vergüenza. La mala es que la piel y las mucosas han perdido la humedad.
Buena noticia, un profundo cambio cultural está revirtiendo este paradigma. Hoy, se están creando espacios de diálogo a través de podcasts, libros y la visibilización pública del tema. La menopausia ha dejado de ser una asignación del universo íntimo y se instala con fuerza en el debate social.
Tal como afirma la autora Sandra Magirena, en su libro “Regreso a mí”, “La menopausia no es una patología. Lo único que pierde la mujer es la capacidad reproductiva. El resto, si se acompaña bien, puede ser expansión, autonomía y bienestar”.
La menopausia es, ante todo, un reseteo emocional y biológico. A diferencia de la revolución hormonal que comienza con la menarca y que nos orienta hacia las necesidades de los demás, (y nos hace creer que el mundo gira alrededor de nuestros dramas), el fin de la etapa reproductiva nos trae un ritmo más consciente y conectado con el disfrute.
En diálogo entre mujeres, este momento se vincula a conceptos potentes: búsqueda interior, cambio, desafío, reinicio, conocimiento, hito y reseteo. (En resumen: un upgrade con glitches temporales).
No debemos enojarnos con lo que perdemos, sino ver en ello la posibilidad de ser quienes verdaderamente somos, y no quienes creíamos que debíamos ser.
No se trata de esconder o evitar las emociones desagradables, porque sabemos que no se esfuman en el aire. Ojalá desaparecieran, pero no. Si lo hicieran, ya habríamos patentado la receta. ¡Seríamos millonarias! Las vamos guardando, acumulando, y en algún momento explotan, y generalmente de una manera poco saludable. Necesitamos mirarnos un poco hacia adentro y en esa mirada hay algo de poder que empezamos a ganar sobre las situaciones de la vida.
La menopausia nos plantea un interrogante central: Ahora, ¿qué voy a hacer?
- Reconocer el duelo: Es un umbral. El final de esta etapa requiere reconocer la tristeza para darle espacio a lo nuevo que viene. Duelo es perder algo para ganar otra cosa: claridad y libertad. (Perder la regla para ganar la paz de no buscar un tampón en un bolso ajeno, por ejemplo).
- Escuchar los síntomas: No se trata de “quitar el síntoma” sino de aprender qué nos está diciendo. Las emociones nos orientan. Se trata de empezar por mí para llegar al otro.
Consejo de emergencia: Si sentís que vas a explotar por una tontería (como que alguien usó tu taza preferida o que el perro te mira mal), probá la técnica de los 10 segundos. Respirá, pensá: “¿Me importará esto en un año? ¿O sólo estoy recalentada?” Generalmente es lo segundo. Y si explotás, al menos que sea memorable.
- Evitar el “Menopause Washing”: Debemos ser críticas con los discursos que prometen soluciones mágicas y que convierten el tema en un negocio. “¡Tomá esta pastilla y vas a ser una veinteañera otra vez!” (spoiler: no funciona así). La visibilidad debe ir de la mano del rigor y la realidad de que no hay magia, solo mujeres reales en transición. No hay recetas únicas. Eso es importante para mí decirlo: no hay recetas ni verdades absolutas.
No le temamos hablar de “niebla mental”, “sofocos”, “sequedad”. Nuestros amigos los estrógenos huyen de un día para el otro. Y lo hacen sin dejar nota de despedida. Ya no somos solamente mujeres que tienen calor y que andan con abanico, somos las jefas que tienen calor, que andan con abanico, ¡y a las que nadie va a decirles que lo guarden!
No le temamos a esta nueva etapa hormonal; abracémosla como el gran hito de autonomía y reencuentro que nos permite, finalmente, poner el foco en nosotras mismas. Y si la “niebla mental” nos hace olvidar por qué entramos a una habitación, al menos sabemos que ahora la brújula interna apunta solo a lo que de verdad importa.
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