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domingo 26 de julio de 2026

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Huérfanos

Por Fabiana Cianfanelli

¿Y ahora qué hacemos? Después de 39 días de sumergirnos en estadios preciosos, con banderas de países, de los cuales en algún caso tuvimos que ir a buscar información y con cientos de nombres que los aprendimos a sentir cercanos, volvimos al planeta tierra y a nuestra realidad. Convengamos que para muchos volver a la rutina es duro y para otros muchos es aburrido.

No sé cómo lo viven ustedes, yo (y si, de nuevo soy auto referencial) siento que perdimos algo (¡hay Fabi que obvia! ¡Claro que perdimos!). Spoiler atentos, no me refiero al resultado. El resultado claro que es importante, aunque es necesario que les aclare que soy del team que valora ser subcampeones.

Me refiero más que nada a una sensación rara. Como que de pronto perdimos a nuestros referentes. Nos abandonaron. Quien de nosotros no admira, y lo pondría en mayúsculas, el liderazgo del Sr Scaloni. O la humildad del Sr. Messi.

Tanto en Scaloni como en Messi, hay una especie de proyección de sentimientos positivos, de empatía y sencillez. Los dos expresan una emotividad interesante. Scaloni es un líder paternal, que se emociona fácilmente frente a sus dirigidos, como ocurrió al hablar sobre la crianza de los jugadores y el tipo de fútbol que juegan como consecuencia de haber vivido, muchos de ellos, experiencias extremas en la infancia.

En la Escaloneta (infartoneta en los últimos partidos) vemos un espejo donde nos gustaría reflejarnos. Quien de nosotros no quisiera tener un líder positivo, que escuche (como hizo con Paredes, un tema aparte sus ojos), que abrace, contenga y logre hacer de un conjunto de individuos un equipo.

Definamos equipo, palabra que usamos y abusamos en cuanta charla motivacional de oficina se nos cruza. Porque un equipo, en criollo, es eso que intentamos armar todo el tiempo y nos sale mal muchas veces, en el laburo, en la familia, en la asociación vecinal, en la mesa de Navidad. Un grupo de personas que se supone rema para el mismo lado, con un objetivo compartido y las tareas repartidas según lo que cada uno sabe hacer mejor. Fácil de decir, carísimo de lograr.

La verdad que, por lo menos para los argentinos, nos resulta un ideal pocas veces alcanzable y menos sostenerlo en el tiempo. Este equipo hace casi ocho años que trabaja junto. Está claro que durante estos años habrán tenido que ajustar tuercas, sacar algún clavo y darle mano de pintura , pero lo que yo vi desde la Copa América 2022 es que todos estaban sacando lo mejor de sí para un objetivo común. Pucha, qué lindo sería si nuestro país tuviera su Scaloni.

Y no lo digo solo para emocionarme un rato. Nos cuesta horrores sostener un proyecto colectivo cuando no hay una pelota de por medio. Nos manejamos mejor con la urgencia que con la constancia, nos prendemos fuego rápido y nos apagamos más rápido todavía. Quizás por eso esta selección nos pegó tan hondo, nos mostró, durante ocho años, algo que como sociedad rara vez logramos sostener por ocho meses. Pero volvamos a la realidad y dejemos de soñar imposibles.

La cuestión es que tengo una sensación de orfandad, como si de repente delante nuestro, quienes nos guiaban, en quienes confiábamos, se hubieran ido de repente. Parece como que estábamos sumergidos en una nube y de pronto, caímos en la tierra. Dolió. Y no, otra vez no hablo del resultado, sino más bien de un liderazgo que se había convertido, sin que nadie lo decretara, en nuestra brújula.

Cómo se sigue cuando uno se había acostumbrado a que nuestro día dependiera de lo que posteó un jugador, o lo que decía Scaloni en una conferencia de prensa. Y así andábamos, haciendo nuestra vida rutinaria, pero abrazados por la bandera, arropados por las canciones que fueron naciendo, entretenidos por videos de chicos escribiendo o cantando odas hacia nuestra selección.

Y acá me pongo un poco incómoda conmigo misma, porque esa dependencia no fue del todo espontánea. Ustedes dirán, y con algo de razón,  que alguien armó esos videos, editó esas conferencias en clips de quince segundos, decidió qué historia contar cada día para que nosotros la consumamos como quien toma el café con leche con medialunas.

Tienen razón, la Scaloneta también fue una maquinaria de contenido bien aceitada. Pero eso no quita ni un gramo de verdad a lo que sentimos. Sí me hace pensar que parte de esta orfandad es, ni más ni menos, el síndrome de abstinencia de dejar de scrollear historias que nos hacían bien. Extrañamos el vínculo, sí, pero también extrañamos el ritual de encontrarlo todos los días en la palma de la mano.

Tampoco es la primera vez que nos pasa, dicho sea de paso. Lloramos a Maradona en el 94 cuando se fue de un Mundial por la ventana, y anduvimos bastante huérfanos después del 2006, cuando aquella generación (Riquelme, Crespo, el Kun adolescente) se empezó a disolver sin gloria. Cada vez juramos que no nos vamos a encariñar tanto con el próximo ciclo, y cada vez volvemos a hacerlo exactamente igual. Así que esta orfandad de ahora tiene algo de reincidencia, somos, como sociedad futbolera, bastante malos aprendiendo a despedirnos.

Miren, yo viví unos cuantos mundiales y soy una de las afortunadas que vivió las tres estrellas, pero les digo que lo que produjo esta selección no sucedió antes. Y no me obliguen a elegir entre el D10 y Messi, porque no entro en esa. Justamente hablo del equipo, de ese conjunto de deportistas que lograron que los viésemos como uno solo. Si hubo egos o disputas internas se tomaron el trabajo de dejarlos dentro del vestuario. Eso es justamente tirar para el mismo lado.

Yo, en lo personal, todavía no salí del grupo de WhatsApp del Mundial. Sigo ahí, mirando los memes viejos, como quien no quiere borrar el contacto de alguien que ya no llama. Sé que en algún momento voy a tener que salir, apagar las notificaciones, dejar de esperar el próximo posteo. Pero todavía no.

Entonces no tengo más remedio que sentir esta orfandad, porque advierto que quizás los dos referentes más importantes a la brevedad se tomen el palo y me entra un vacío inexplicable. La certeza de que es posible armar un equipo ya la tenemos, la vimos ocho años seguidos. La ansiedad que me invade es quién nos va a adoptar y no sentirnos huérfanos.

Podes escribirme a cianfanellifabiana@gmail.com

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