En Nordelta, alumnos de 5° y 6° año del Colegio Michael Ham dejaron por unas jornadas las aulas para recorrer y limpiar la Avenida de los Colegios, las orillas del arroyo Las Tunas y sectores cercanos a los lagos. La experiencia, realizada junto a AVN, los puso en contacto con quienes mantienen diariamente esos espacios y terminó convirtiendo los residuos recolectados en obras de arte para reflexionar sobre el ambiente y las desigualdades.
El punto de partida fue una situación cotidiana para quienes viven o estudian en Nordelta: calles, espacios verdes y corredores que habitualmente encuentran limpios. Pero ¿quiénes hacen posible que estén así? ¿Qué ocurre con los residuos después de tirarlos? ¿Y qué sucede cuando se sale de ese entorno?
Esas preguntas estuvieron detrás de “Del colegio a mi ciudad”, el primer proyecto conjunto entre el Michael Ham y la Asociación Vecinal Nordelta (AVN), que involucró a estudiantes de los últimos años del secundario.
La iniciativa forma parte de un proyecto más amplio que el colegio comenzó a transitar el año pasado para convertirse, en un plazo de cinco años, en un colegio Laudato Si’, siguiendo el concepto de ecología integral planteado por el papa Francisco: pensar de manera conjunta el cuidado ambiental y la realidad social.
El trabajo con los residuos fue una de las primeras puertas de entrada.
Los estudiantes comenzaron por su propio colegio. Recolectaron los residuos generados durante una jornada y después salieron con bolsas y guantes hacia la Avenida de los Colegios, donde trabajaron junto a las personas encargadas de mantenerla limpia diariamente.

El encuentro tuvo una particularidad: son trabajadores que los chicos ven habitualmente, pero con quienes hasta ese momento no necesariamente habían tenido contacto.
“Son los mismos chicos que salen a comer a veces ahí y dejan unos residuos, entonces fue interesante ver esa interacción”, explicaron desde el Michael Ham.
Pero la experiencia que más los movilizó llegó después, cuando el proyecto salió de Nordelta hacia las orillas del arroyo Las Tunas.
Allí recolectaron residuos y se encontraron con un curso de agua que conecta dos entornos muy cercanos geográficamente, pero diferentes en sus condiciones.
“Fue quizás lo que más les impactó a los chicos, porque ahí se juntan como dos realidades. Estaba por un lado Nordelta, todo limpio, y del otro lado el barrio Las Tunas. El arroyo los reconecta”, explicaron desde el colegio.
La propuesta original buscaba precisamente que los estudiantes pudieran experimentar los espacios comunitarios que atraviesan todos los días y comprender que mantenerlos limpios supone un trabajo colectivo. También se planteó generar hábitos que luego pudieran trasladarse a la vida cotidiana.
Hubo una tercera salida vinculada con los lagos de Nordelta. Allí conocieron cómo se realiza su mantenimiento y participaron de una actividad relacionada con la flora y fauna del lugar.
Pero el proyecto no terminó cuando dejaron las bolsas y los guantes.
Con parte de los residuos recolectados, los alumnos crearon tres obras de arte conceptuales para expresar qué habían visto y qué reflexiones les había dejado la experiencia. Las producciones fueron luego exhibidas en el colegio para acercar esas preguntas a estudiantes de otros niveles.
Una de las obras puso el foco en la desigualdad: cómo los sectores con mayores recursos pueden generar una importante cantidad de residuos y, al mismo tiempo, vivir en lugares que permanecen limpios gracias al trabajo cotidiano de otras personas.
Otras producciones buscaron hacer visible qué sucede con la basura una vez que deja de estar delante de nuestros ojos y hasta qué punto desprenderse de un residuo puede llevar también a dejar de pensar en su destino.
La experiencia forma parte de una mirada de ecología integral que el Michael Ham busca extender a sus dos sedes y a todos los niveles educativos, vinculando ambiente, aprendizaje, compromiso social y contacto con las comunidades cercanas.
En Nordelta, el proyecto continuará con nuevas propuestas junto a AVN. Entre las actividades previstas se encuentran la multiplicación de plantas nativas y rosales en el invernadero del Aula Exterior Papa Francisco, la plantación de árboles nativos y trabajos vinculados con el mariposario del colegio.
Después de recorrer la Avenida de los Colegios, los lagos y el arroyo Las Tunas, el aprendizaje dejó de ser solamente una conversación dentro del aula: los estudiantes pudieron ver quién cuida los lugares que recorren todos los días, qué pasa con los residuos que generan y cómo un mismo ambiente puede conectar realidades diferentes.










