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martes 21 de septiembre de 2021

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Recorre Italia: CERVINIA – Val D’Aosta

Por Silvana Salvucci*

Recorreitalia quiere invitarlos a viajar y soñar conociendo este bellsimo lugar y su montaña perfecta.

Se acerca la estación de eski y las ganas de calzarnos esas botas que nos hacen sufrir, un rato, pero indispensables para poder gozar de la maravillosa nieve, de las pistas y de la montaña. Esperemos que el universo se apiade de nosotros y además de que nieve podamos hacerlo.

El viaje desde Milano a Breuil Cervinia es muy lindo, parte del mismo va por autostrada, la otra pasa por el medio de algunos pueblos preciosos.

El hotel es el Club Med de Cervinia. Los cuartos cómodos, el mío con una vista al Mattherhon o Cervino, impresionante. La llaman «la montaña perfecta» y de verdad es hermosa.

Lo mejor: la comida, es algo de no creer la variedad y la calidad de todo, no les cuentos los quesos, las pastas todos los días una preparación distinta. Tragos, vino, cerveza, licores, prosecco (no del mejor) sin límite. ¡Aquí me quedé una semana para esquiar y comer.

Los días de ski almorzábamos en alguno de los restaurantes de altura que el instructor reservaba y que nos quedara en la zona. Nos esperaban con un aperitivo, prosecco o lo que quisiéramos tomar. Luego el menú a la carta. Café como en el mejor bar.

El primer día fue de ordenamiento de los grupos de acuerdo al nivel de ski. En el mío empezamos más de trece y terminamos ocho. Lo que se llama selección natural, jaja.

Este centro de ski en Breuil Cervinia, Valtourneche, Zermat es una maravilla por la cantidad de pistas, calidad y la comunicación entre los distintos pueblos y Suiza. Enormes funiculares que llevan 100 personas con sus equipos y hacen recorridos de más de 10 minutos, infinidad de góndolas y sillas de hasta seis personas.

Las pistas largas y muy anchas, me sentí muy bien, avancé un montón y me divertí mucho. El grupo muy bueno a pesar de que hablaban francés, alemán, inglés y una francesa que hablaba algo de español. ¡Tengo una ensalada en la cabeza! Empiezo hablando italiano, me doy cuenta que son franceses, sigo en inglés y por ahí en español. Me cansé más con eso que esquiando. Yo creía que los franceses eran parecidos a los italianos. ¡Qué va! No son nada demostrativos, no te saludan en los pasillos ni de casualidad.

Estando en las pistas nos enteramos que era el cumpleaños de una de las señoras, Mari, yo le canté «Oí Mari, Oí Mari quanto tempo aggio perso per te…», lo único que entendió fue su nombre. Se emocionó y le cayeron unas lágrimas, entonces Jury el instructor le explicó el significado de la letra.

El jueves fuimos hasta Suiza, fue larguísimo, almorzamos a las 14  en un refugio de guías alpinos justo en la frontera. Fiambres y quesos típicos de las dos regiones, yo comí una pasta rellena llamada «fiocchi rellenos con quesos», postre, vino y café. El regreso también largo. El día magnífico, ni una nube.

Todas las noches había algún entretenimiento. Nos quedamos casi hasta las 12 bailando. Les encanta bailar salsa.

El viernes último día de esquí, fue también exigente, llegamos al Piccolo Cervino. Subimos hasta un mirador con una vista de cortar el aliento a 3883 metros. Fuimos a Plateau Rosa y Cime Biache volvimos bajando a Valtournenche. Se eskia hasta el hotel. Nos esperaban con festejos de San Patric, tragos, chocolate y bocaditos.

Jury el instructor, había reservado una mesa para la cena de despedida ya que sería nuestro último día de ski. Fue una cena muy divertida y cálida. Me eligieron reina del grupo, algo inesperado pero muy espontaneo, lo que me hizo sentir querida y admirada, cosa que me agradó mucho.

El sábado amaneció nublado y con viento. Decidí ir a hacer la excursión de trineo con los perros. Me había parecido genial la idea hasta que me enteré que yo debía guiar el trineo. Una señora nos dio varias directivas para manejar el trineo y a los perros, por ejemplo, como usar los dos frenos. Decirles «OK» para que arranquen, «wou» o algo así para que paren y pisar el freno, «easy» para que vayan más despacio. En subida bajarse del trineo y ayudarlos y en bajada pisar el freno. Inclinarse para un costado o hacia el otro según la curva y la huella. ¿Fácil y sencillo no? Los quiero ver. Iba todo como sobre trineo hasta que los perros se embalaron y al pasar por un puentecito que solo pasaba el trineo se salieron de la huella. ¡Yo no frené, el trineo se inclinó y me caí al agua! No tenía profundidad, pero sí algo de agua y piedras. No me pasó nada más que mojarme, pude salir sola. Los perros unos turros, se dan cuenta en seguida que no los sabés llevar. Se paraban a cada rato, se salían de la huella, se mordisqueaban, bueno no me aburrí para nada, fue una experiencia interesante y divertida, valió la pena. Y les permito reírse porque yo cuando me acuerdo lo hago.

A la tarde bajé hasta Cervinia (10 minutos caminando), la atraviesa  un rio que estaba helado. Parece un pueblo de maqueta, con casas de estilo alpino que están como incrustadas en las montañas, algunas con los frentes pintados, iglesitas que parecen de juguete, bares invitantes y característicos, calles empedradas,  muchísimos hoteles. La geografía que la rodea es magnífica. Si les gusta la montaña aquí hay de sobra.

El aperitivo de despedida fue excesivo, los mozos cantaban a la vez que preparaban los tragos y los que servían los traían bailando. La cena como la de los antiguos romanos, interminable.

De aquí voy a Aosta. Pero volveré.

Les dije que volvería, es así que este relato lo estoy continuando un año después (2018) del párrafo anterior. Se darán cuenta que me gustan estas pistas y el clima que se vive. Esta vez sobraron nieve, viento y nubes, pero no me quejo amo la vieve las montañas y esquiar. Algunas fotos nuevas para que vean la diferencia.

Esta vez teníamos un instructor poco agradable y sin ganas de trabajar. En este grupo terminamos 5 (2 mujeres y tres hombres). Yo porque no iba hacerle fácil la cosa al instructor. Se le perdían los alumnos, no corregía nada, andaba fuertísimo y no paraba a esperar a nadie. Yo esquío bien pero no me gustan las pistas negras. Un día, de regreso cansados, nos hizo bajar por una pista negra, cuando me di cuenta ya por la mitad, lo quería matar. ¿Y que hace? se va, cuando llego, me dice ¿cuál es el problema, bajaste perfecto? Si la intención era quedarse con dos alumnos yo no iba a aflojar.

El viernes cuando estabámos en las góndolas para ir a Zermatt uno de los muchachos se rompió una pierna. Tuvimos que volver hasta donde pudiera llegar el socorro. Yo me quede atrás y tome la góndola al revés, cuando los alcance, el instructor, me dice que donde me había metido. Como era italiano le pude decir lo que pensaba de un buen maestro, cosa que él no lo era.

No vino a la cena de despedida y fue mejor porque nadie quería verlo y menos sentarse con él.

Fotos mías no faltan, el fotógrafo hizo maravillas (gracias).

De aquí me iba a Aosta. Ciao Breuil Cervinia.

Por Silvana Salvucci
Autora de Recorre Italia

Para saber salgo más de este lugar soñado pueden ingresar a los siguientes links: http://recorreitalia.com/cervinia/