Por Lic Facundo Torres*
Para poder ayudar a nuestros hijos con sus emociones, lo primero que hay que lograr es entender qué son las mismas. Para esto empezaremos explicando que ellas son reacciones biológicas que tenemos todos, que son naturales y nos preparan para actuar.
Paso seguido, tenemos que aprender un concepto muy importante que es la regulación emocional, y este es el proceso de “darle forma” a esa respuesta antes de que se convierta en una conducta. Esto, básicamente, es aprender a manejar qué sentimos y cómo lo expresamos.
Los niños pueden manejar sus emociones de diversas maneras. Algunos se guardan todo y entonces, por ejemplo, pueden sentir mucha rabia o pena, pero por fuera parece que no les pasa nada. Otros, ante la presencia de una emoción, actúan de manera impulsiva y exagerada: aparecen los gritos, portazos o el llanto inconsolable que parece fuera de lugar. Y en última instancia, y la más sana de todas, es cuando el niño logra calmarse, busca ayuda en un amigo o adulto, o resuelve lo que le molesta de forma constructiva.
Es vital que los padres sepan que esto es un proceso evolutivo. Es decir, el manejo de las emociones se desarrolla y se aprende con el tiempo. No podemos pedirle lo mismo a un bebé que a un escolar: hay aspectos madurativos, como la adquisición y desarrollo del lenguaje, que importan y mucho a la hora de que un niño pueda regular sus emociones o no.
Ahora, mientras el niño va madurando aspectos personales, los adultos podemos ayudar y acompañar este proceso. Por ejemplo, tenemos que tener en cuenta algunas recomendaciones como:
• La propia calma: Los niños aprenden de nuestra capacidad para regular nuestras propias emociones, somos un ejemplo para ellos.
• Vínculo seguro: La calidad del apego y las pautas de crianza son los cimientos de su salud emocional futura.
• Flexibilidad: Lo ideal no es que el niño nunca explote, sino que tenga un rango de respuestas flexibles y adaptativas según la situación. Esto quiere decir que enojarse no es malo, lo malo es lo que viene después y cómo lo deja al niño expuesto frente a los demás.
Que un niño gestione bien sus emociones depende de muchos factores. Como padres podemos ayudar y acompañar, pero también detectar si necesitamos ayuda cuando las emociones son desproporcionadas a lo esperable para un niño de su edad.
*Facundo Torres
MP: 95084
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