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La Generación TikTok y la búsqueda del “tiempo no apurado”

Por Fabiana Cianfanelli

“Los que hoy son niños, mañana serán hombres”, dice, Marcos Mundstock a Daniel Rabinovich, miembros de La Comisión en la recordada pieza de Les Luthiers. Pero, ¿qué clase de hombres está gestando el ecosistema digital?

Los miembros de la Generación Z, que hoy tienen entre 12 y 27 años, son los verdaderos nativos digitales. Están remodelando el panorama del consumo con su insaciable apetito de gratificación instantánea. Las cifras son abrumadoras: en 2025, esta generación pasará el 41% de su tiempo en TikTok, lo que equivale a unos 76 minutos diarios, superando a cualquier otra.

El Procesador original y el “Brain Rot”

El futuro, ya presente, nos interpela. Circula por las redes una pieza de humor gráfico, quizá de humor negro, un robot padre señala un cerebro humano en un museo y le dice a su pequeño hijo robot: “Mirá, hijo. Ese fue el procesador original”.

No parece casual que el Diccionario de Oxford haya definido como la palabra del año 2024 la expresión “brain rot”: “podredumbre cerebral”. El nuevo término refiere a la hipótesis de un deterioro mental que ocurre por consumir en exceso contenido en línea trivial, repetitivo o “poco desafiante”.

La aguja hipodérmica digital

El problema no es la cantidad de minutos, sino la calidad del estímulo. La Dra. Anna Lembke, psiquiatra de la Universidad de Stanford y autora del bestseller “Dopamine Nation“, explica que «Hemos transformado el mundo de un lugar de escasez a un lugar de abrumadora abundancia: drogas, comida, noticias, juegos de azar, compras, videojuegos… El teléfono inteligente es la aguja hipodérmica moderna, que entrega dopamina digital las 24 horas del día, los 7 días de la semana, a una generación conectada. Cuando consumimos placeres en exceso, nuestro cerebro compensa llevándonos cada vez más abajo. Nos volvemos dependientes de esos estímulos, no para disfrutar, sino solo para seguir funcionando.»

Este mecanismo se llama Dopamina de Tasa Variable. El scrolleo infinito es la palanca de la máquina tragamonedas: es impredecible cuándo aparecerá —entre una mayoría de videos aburridos— uno excelente, divertido o sorprendente (la recompensa). Del mismo modo, es impredecible quién dará un “me gusta” o cuándo se recibirá un comentario. Esto genera una necesidad imperiosa de revisar constantemente el teléfono, buscando esa recompensa social o de contenido inesperada. El resultado es la atrofia del músculo de la concentración profunda.

El hastío y las copias perfectas

¿Será que nos vamos despidiendo de la capacidad de reflexión, del pensamiento abstracto? ¿Le daremos la bienvenida a un lapso de atención que se reduce hasta el límite de lo inservible?

Los adultos observamos un mundo de similitudes sin alma ni gracia, donde todo luce no sólo igual, sino metálico, vacío y, en una búsqueda de un forzado realismo, exasperadamente falso. Este vacío es la marca de la Inteligencia Artificial: la perfección generada. Millones de imágenes, videos y textos producidos por máquinas que replican estilos y emociones sin haberlas sentido jamás.

No hay certezas. Solo incógnitas. Nosotros, los seres humanos, tiesos, intentamos descubrir si la IA se trata de una mascota que nos hará compañía alegrándonos los días, un robot amigable como promete Elon Musk o una fiera salvaje de la que deberemos protegernos.

La ansiedad como crisis estructural

Vivimos en un mundo en el que las generaciones Z y Alfa viven en estado de ansiedad. Y la ansiedad es exceso de futuro, un montón de pensamientos que se amontonan como si fueran una catarata.

La inestabilidad económica ha pulverizado los hitos de sus padres (la casa propia o la jubilación); la crisis climática alimenta la eco-ansiedad; y la presión en redes les exige una auto-optimización constante. El scrolleo se convierte en un mecanismo de escape: un intento desesperado por anestesiar la mente de esas verdades estructurales que resultan demasiado pesadas. La Dopamina de Tasa Variable ofrece una droga barata para silenciar una realidad costosa y abrumadora.

Si la educación no garantiza progreso y el hogar es inalcanzable, ¿qué queda? La identidad digital.

Dame tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor“, cantaba María Elena Walsh. La nostalgia de ese “tiempo no apurado” no es una mera añoranza del pasado, sino una hoja de ruta para el futuro. La batalla contra el “brain rot” y la ansiedad no se ganará prohibiendo la tecnología, sino reapropiándonos de la atención y la intención. Los expertos en neurociencia y psicología digital coinciden: la clave está en el equilibrio consciente.

​​La lucha más inmediata y poderosa de la Generación TikTok es la lucha por su propia mente. La identidad digital será importante, pero solo si no devora a la persona real. La incertidumbre se convierte en el desafío de construir un futuro propio, en lugar de anestesiar la espera de un futuro impuesto.

Aunque, seamos honestos, la verdadera prueba de que hemos ganado la batalla será si logramos mirar nuestro teléfono por más de dos segundos sin sentir el impulso irrefrenable de buscar un video de un gato haciendo parkour mientras suena una canción de los 80. La humanidad nos mira (si es que no está demasiado ocupada haciendo doomscrolling).

Podes escribirme a cianfanellifabiana@gmail.com

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