Esta semana pensaba escribir sobre un asunto que me daba vueltas, pero como siempre me sucede pasan cosas que me hacen pegar un volantazo. Por un lado, una amiga me sugirió, cuando le comenté el tema que quería abordar, “andá con cuidado, porque te van a ir muchos a la yugular”. Entonces decidí que para escribir sobre esa idea tenía que tomarme más tiempo e investigar un poco más. Por otro lado, se me cruzaron los resultados de las Pruebas Pisa y ustedes ya me conocen, saben de la inquietud que me despierta todo lo referido a educación, entonces cambié la dirección de mi columna.
Pues aquí estoy leyendo (con cara de azorada, imagínenla por favor) que el informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) 2025 sobre el desempeño de los estudiantes de 15 años en lectura, matemática y ciencia es lapidario. En 2022, cuando el puntaje en matemática de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sufrió la caída más grande en su historia, muchos se lo atribuyeron a la pandemia y esperaban un efecto rebote. En 2025, es lectura la que bate su propio récord, acumulando una reducción de más de un año de aprendizaje desde 2018. Todas las materias desmejoraron desde el 2012.
Viendo los resultados de Argentina la cara ya no es de susto, sino de espanto directamente. El desempeño es muy bajo, la brecha con la OCDE es de 3.6 años de aprendizaje en lectura, 4.5 en ciencia y casi 5 en matemática. En Sudamérica, el país quedó en el pelotón de atrás, por detrás de Uruguay, Chile, Costa Rica, México, Colombia, Brasil y Perú. Más de 7 de cada 10 chicos no alcanza el nivel mínimo en matemática, 6 de cada 10 en lectura y ciencia; uno de cada dos no lo logra en ninguna materia.
No me importa si es este gobierno u otro el responsable, sabemos que son muchas las gestiones que se llenaron la boca hablando de la educación e hicieron poco o nada. A las pruebas me remito (más literal imposible). Me dirán, entonces no hay nada que hacer, sólo quedarse mirando cómo se hunde cada vez más el barco, o sólo se podrán salvar (ponele) quienes tengan los recursos necesarios y puedan elegir instituciones donde “se supone” que los chicos recibirán mejor educación o mejores estímulos.
Y aquí me detengo en un detalle del informe. En lectura, la OCDE identificó el fenómeno de los denominados “lectores apresurados”. Se trata de estudiantes que responden en forma rápida e incorrecta, una conducta que casi se duplicó entre 2018 y 2025. Y a este terremoto se le suma el condimento alarmante del uso de la IA en el aula; de acuerdo con la evidencia científica, la herramienta afecta el proceso de aprendizaje en los alumnos que la utilizan para delegar tareas y esfuerzo.
La delegación cognitiva que promueve la IA, ese proceso de evitar el esfuerzo que implica, por ejemplo, leer un texto, pensarlo, entenderlo, cuestionarlo y resumirlo, no es gratuita. Podría significar que los actuales estudiantes egresen con menos capacidades que con las que ingresaron si no existen intervenciones estratégicas. Aunque hayan concurrido a la institución más prestigiosa.
Una de las investigaciones más contundentes sobre el impacto en las futuras generaciones fue presentada por el Massachusetts Institute of Technology Media Lab hace menos de un año, con el título “Tu cerebro en ChatGPT”. A través del monitoreo con electroencefalogramas (EEG), los investigadores evaluaron a 54 estudiantes de las universidades más reconocidas de Estados Unidos, divididos en tres grupos. El primero, llamado “solo cerebro”, debía escribir un ensayo a lo largo de tres o cuatro encuentros, sin usar herramientas digitales. El segundo podía utilizar motores de búsqueda tradicionales. Y el tercero tenía acceso al ChatGPT. Los participantes de este último grupo mostraron la menor actividad cerebral, baja memoria del trabajo y poco sentido de autoría. La redacción fue definida como “sin alma”. Los resultados revelaron que la IA les permitió ser un 60% más productivos, pero significó un 32% menos de carga cognitiva para el aprendizaje.
¡Ojo Fabi! ¿Estás diciendo que los responsables son los pibes que usan IA para hacer las tareas? Para nada. Por el contrario, soy una defensora del uso de herramientas. En mi época (ya sé, se me cayó el DNI) usar enciclopedia estaba bien si sabías buscar, investigar y utilizar esa información para robustecer tu conocimiento o mejorar el producto final que entregabas. Más adelante, en mi vida laboral, la irrupción de Internet hizo que mis resultados fueran mejores, porque justamente en el colegio había aprendido a ejercer pensamiento crítico y sabía que lo que encontraba en Wikipedia no servía para copiar y pegar. Era orientativo y me servía para seguir buscando, afinando cada vez más el criterio de lo que necesitaba.
Hoy se llama saber promptear, y aquí es el dilema. ¿Sirve o no sirve la IA? Bad pregunta. La que nos debemos hacer, y más aún los responsables de las políticas públicas educativas, las instituciones tanto públicas como privadas, los docentes y las familias, es: ¿la IA es una herramienta o un resultado? Y si es una herramienta, ¿va a generar igualdad o desigualdad en los saberes?
¿Quién tendrá más oportunidades, un niño a quien se le plantea el uso de la lógica y del pensamiento crítico porque accede a instituciones de mayor calidad y tiene wifi all inclusive, o un niño que tiene que mendigar internet en alguna biblioteca popular para hacer su trabajo práctico y no le han enseñado a pensar? ¿El que sabe qué y cómo preguntar, o el que abre una IA para copiar y pegar? El famoso “haceme la tarea que así la termino rápido y puedo ir a jugar a la pelota”.
Tanto nos inundan con evitar el sedentarismo físico y nos venden mil maneras de hacer ejercicio, que si caminás del derecho o del revés vas a vivir hasta los 100 años, mientras que deberíamos estar inundados de ejercicios para evitar el sedentarismo cognitivo (este nombre no lo inventé yo, lo robé del libro Artificial), para evitar la pereza o atrofia cognitiva de delegar en otro la tarea de pensar.
Hoy cotiza más saber preguntar que la respuesta. Y me parece que, si en general en Argentina venimos desde atrás, acá quizás ya estemos llegando tarde.
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