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Bullying escolar: por qué hoy preocupa más que antes

Por Lic Facundo Torres*

El bullying se está transformando en un desafío cada vez más frecuente para las familias, que muchas veces desborda la capacidad de acción de los colegios y deja a niños y padres en una situación de vulnerabilidad. La utilización de la tecnología como medio para ejercer violencia verbal, emocional y psicológica ha complejizado el problema y lo ha convertido en parte del día a día de quienes lo sufren.

Este cambio, impulsado por la irrupción de las nuevas tecnologías, agrava el escenario y obliga a repensar estrategias tanto dentro del sistema escolar como en el ámbito familiar. Esto genera que docentes, padres y adultos responsables deban involucrarse activamente cuando aparece una situación potencialmente problemática.

Es importante aclarar que no toda situación conflictiva puede definirse como bullying. Para que una conducta sea considerada como tal, debe tratarse de un maltrato intencionado, repetitivo y en el que exista una diferencia real o percibida de poder, ya sea físico, de edad, de estatus social u otro factor. Un desacuerdo o una disputa puntual entre dos personas que no responda a estas características no debería clasificarse como bullying.

A diferencia de otras épocas, el maltrato y el acoso que viven hoy niños y adolescentes se ven agravados por la presencia constante de la tecnología. Las redes sociales y los dispositivos móviles hacen que no exista un corte claro y que el hostigamiento pueda continuar fuera del ámbito escolar, manteniéndose presente de forma permanente para quien lo padece. Frente a este escenario, resulta necesario que el accionar sea claro, direccionado y específico.

Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta son las señales de alerta que pueden detectar tanto padres como docentes, ya que muchos niños y adolescentes no suelen pedir ayuda por miedo o vergüenza. Entre algunas de estas señales se encuentran el rechazo a asistir al colegio o a reuniones sociales, el aislamiento, la baja en el rendimiento académico, los cambios de humor, la baja autoestima, la presencia de ansiedad o miedos, los problemas de sueño, la pérdida del apetito o las quejas físicas frecuentes, entre otras.

Una vez identificada una situación de acoso o maltrato, es fundamental tomar medidas concretas tanto en la escuela como en el hogar. En el ámbito escolar, se debe adoptar una actitud protectora que brinde seguridad a la víctima y, si es necesario, apartarla de los agresores. También es clave registrar detalladamente los incidentes ocurridos para poder tomar las medidas correspondientes, informar a todo el personal escolar para que acompañe la situación y trabaje de manera coordinada, dialogar con los agresores y sus familias para establecer un plan de acción y promover un cambio de conducta, y abordar la problemática con el grupo y la comunidad educativa para prevenir futuros casos.

En el hogar, los padres, además de acompañar las acciones de la escuela, pueden buscar apoyo profesional si la situación lo requiere, con el objetivo de brindar contención emocional a la víctima. También es importante realizar un seguimiento cercano para asegurarse de que los cambios se produzcan de manera inmediata y se sostengan en el tiempo.

El bullying es una realidad presente en la vida de muchos niños y adolescentes. Afrontarlo es una responsabilidad compartida: el compromiso de los adultos resulta fundamental para erradicar estas conductas y contribuir a la construcción de niños y adolescentes emocionalmente sanos y seguros.

*Facundo Torres
MP: 95084
Cel: 1132868758
Instagram: @recursosterapeuticosnorte

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