Está de moda hablar de la “Generación Silver” para referirse a quienes superan la barrera de los 60 años. Me detuve a pensar en el nombre de esta categoría. Si “silver” (plata) alude a las canas, parece una etiqueta anticuada en tiempos donde la edad es un misterio; sin embargo, resulta oportuna si la interpretamos como sinónimo de brillo.
Vivimos en un mundo con una alta expectativa de vida, donde las etapas que antes identificaban el ocaso, hoy se han corrido hacia adelante.
La Libertad de la Escasez
A los sesenta, la vida se disfruta más, quizás porque se es profundamente consciente de la escasez del tiempo. Se conocen mejor los propios deseos, lo que realmente gusta y divierte. Es una edad con menos prejuicios, donde se estaría entrando en una zona liberada. Un permitido que se celebra, por ejemplo, en hacer caso omiso de las doctrinas culinarias modernas.
Sin ánimo de juzgar a ninguna de las “tribus alimentarias”, quienes ingresan en la generación silver se criaron a base de azúcar e hidratos. Sus madres cocinaban en ollas que dejaban trazas de aluminio y sus hijos usaron chupetes de higiene dudosa.
Quiero decir con esto que quizás sea la época donde finalmente se dejan atrás los dogmatismos. ¿Acaso olvidamos que esta fue la generación que promocionó la margarina sobre la manteca y el teflón sobre el aluminio? Ahora, escucharán a los nuevos gurúes solo para no dejar de empatizar con hijos y nietos, pero su foco está en que “los análisis den bien”, no en seguir la última moda.
Plataforma de Lanzamiento
Los sesenta son la puerta a la reinvención. Es el momento donde los sueños se convierten en el impulso del movimiento, permitiendo salir de la rutina o de la zona de confort.
Quienes llegan a esta etapa traen consigo la mochila de la experiencia, y la edad se les presenta como una poderosa plataforma de lanzamiento. Es hora de hacer aquello que antes solo existía en la imaginación: escribir, bordar, tejer, aprender a tocar un instrumento o estudiar astrología.
Quizás esté llegando el momento de darse cuenta de que los pasos más sosegados permiten elevar los sentidos, de redescubrir la sensación de pisar el pasto o de escuchar el canto de un pájaro. Para muchos, terminan los días de horarios fijos y comienzan años desafiantes, donde lo importante no es caerles bien a todos, sino a los que realmente importan.
El Algoritmo Perfecto no Existe
Es cierto que hay ataques cibernéticos respecto a la estética. Nadie avisó del escote arrugado, de la papada que nace sin previo aviso, de los brazos que se “desmoronan”, de las cejas que se desdibujan o de los párpados que se vuelven toldos.
Quizás el tratamiento más efectivo sea simplemente reírse de aquello que ya no se puede cambiar. El verdadero objetivo es intentar ser quién se es, y no esmerarse en ser quién no somos; amigarse con el ridículo y llenarse de risa. En definitiva, han llegado hasta aquí con éxitos y fracasos: se merecen las carcajadas.
Al final de cuentas, el sentido de vivir no está en cumplir un manual perfecto. Siempre existe la posibilidad de que una maceta caiga desde un balcón y barra de un golpe el algoritmo perfecto de lo que se debe o no se debe hacer a los 60.
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