11.2 C
Nordelta
sábado 11 de julio de 2026

Lo Último

Mientras tanto en Bangladesh no les falta la “y”

Por Fabiana Cianfanelli

Escribo esta columna un 24 de junio. ¡Señores paren las rotativas! Hoy cumple años el 10. Nuestro capitán. Quien quizás nos llevará a la gloria, pareciera que, por el momento, la única que los argentinos podemos alcanzar. Una nueva estrella en la camiseta.

Y por supuesto, para una fanática como yo, la Selección argentina es icónica. Desde la Copa América 2020 me pregunto ¿qué nos pasó que nos enamoramos de la selección? Mas allá que al ganador siempre se lo ve alto y de ojos celestes, creería que hay otras razones. Podría citar algunas, liderazgo positivo, funcionamiento en equipo, egos apagados, empatía. Seguramente hay muchas más.

Las que mencioné me alcanzan para pensar que, salvo ejemplos de selecciones deportivas, los argentinos no podemos colgarnos cucardas colectivas. Individuales un montón, nada más mencionar que contamos con 5 premios nobel.

Yo me cuelgo una que, quizás para ustedes, no es orgullo nacional. La pasión. Somos una sociedad apasionada, que es un fuego para cualquier artista que viene a dar un recital. No les pasa solo a los artistas, también a quienes nos visitan desde otros países, o a quienes se radican en nuestro país, de allí que inventaron el famoso “Argentina, no lo entenderías”. Italianos, norteamericanos y cuanto gringo se acerque a estos pagos hacen reels por Instagram o por TikTok desnudando, frente a nuestros ojos, nuestra esencia. Lo que nos envidian. Esa capacidad de abrir nuestros brazos, casas y corazones. La energía (por no llamarla intensidad) que le ponemos a nuestros héroes (del momento). Del barro los llevamos a la gloria. Los elevamos tanto que los hacemos mundiales. Tenemos a un pibe en la Fórmula 1 y ya lo subimos al podio de los campeones.

Creo que a pocos les interesa el hockey o el rugby, pero cuando los Pumas o las Leonas empiezan a ganar un lugar de prestigio, ¡listo! las subimos al podio de nuestros héroes nacionales.

Según una reciente investigación publicada por el Financial Times, solo en Bangladesh más de dos tercios de la población sigue el Mundial y cerca del 60% apoya a Argentina. Un solo país asiático podría aportar más de 70 millones de hinchas a la Selección, superando incluso nuestra propia población. Claramente “Argentina, no lo entenderías”. ¿Qué le pasa al mundo con nosotros, que parece que no nos pasa a nosotros con nosotros mismos?

Nos cuesta reconocernos. Nos autoboicoteamos. Nos hacemos tackles permanentemente. ¿Cómo es posible que en Bangladesh se llenan las calles con nuestras banderas y camisetas?

Algún racional me podrá contestar que la razón inicial radica en un factor estructural, la selección de Bangladesh nunca clasificó a un Mundial. Pero ¿por qué eligieron fanatizarse con Argentina? Parece que el quiebre de este fenómeno fue el Mundial de México 1986, cuando derrotamos a Inglaterra, con los dos goles icónicos de Maradona. Es lógico pensar que para un país que había sufrido dominación británica, los goles del D10 eran una venganza exquisita. ¿Pero y después? ¿Qué es lo que los mantiene al palo?

Es cierto, llegó él, Messi. Un alien que desde Barcelona sin stop se vistió la camiseta de la selección. Convengamos que muchos de nosotros al principio no lo queríamos tanto, que pecho frío, que camina, que no hace goles. Bueno, los de Bangladesh tienen más paciencia que nosotros. Lo supieron esperar. Y no se equivocaron.

Acá seguro que me van a correr con que o Maradona o Messi. Como escribió Gonzalo Sarrasqueta en La Nación (les recomiendo la nota de opinión Maradona y Messi: el espejo y el espejismo) “Messi y Maradona se admiraban, se apoyaban y, lo más importante, se querían“.

Sin embargo, sino no nos polarizamos no somos argentinos. Nos pasó hace poco con el Indio Solari y en su momento con el Papa Francisco. Cómo no nos va a ocurrir lo mismo con estos dos ídolos. Como sostengo nuestra sociedad tiene un proceso de digestión diseccionante (ya sé, no existe la palabra, pero la inventé). Con este concepto intento identificar nuestra compulsión a ubicar a todo aquel que se nos cruce y a nosotros mismos en alguno de los dos polos (opuestos of course). Nos cuesta asumir las diferencias, las distancias.

Pareciera que en la escuela se olvidaron de enseñarnos todas las conjunciones. Faltó el aprendizaje de la “y”, la famosa conjunción copulativa que sirve para unir, sumar. Maradona y Messi. Perón e Irigoyen. Unitarios y federales. ¿No están hartos de la “o”?

Yo sí.

El mundo nos eligió juntos antes de que nosotros aprendamos a hacerlo. En Bangladesh no debaten Maradona o Messi. Los tienen a los dos. Capaz que la conjunción copulativa se la enseñaron mejor que a nosotros.

Podes escribirme a cianfanellifabiana@gmail.com

Podes leer todas las columnas de Fabiana Cianfanelli (CLICK ACA)

- Publicidad -