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jueves 29 de octubre de 2026

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Qué es el “té de tanga”: el mito de los amarres

El llamado “té de tanga” o “agua de calzón” es una creencia popular que atribuye a una preparación con ropa interior el poder de provocar enamoramiento o mantener una relación. Sus menciones en televisión y redes renovaron la curiosidad por los amarres, aunque no existe evidencia científica que respalde esos supuestos efectos.

El nombre llama la atención y suele aparecer entre bromas, rumores y conversaciones sobre relaciones de pareja. Detrás de la expresión hay una idea: que un objeto íntimo puede transmitir una influencia sobre los sentimientos de otra persona.

Las versiones cambian, pero comparten la promesa de atraer, retener o recuperar a alguien mediante una preparación asociada a una prenda personal. Se trata de una superstición, no de una bebida con propiedades amorosas demostradas.

Su circulación es anterior a las redes sociales. La expresión “agua de calzón” aparece registrada en un trabajo académico de la Universidad de Cuenca, en Ecuador, como parte del lenguaje popular para referirse a un supuesto brebaje que provoca enamoramiento. Ese registro documenta la presencia de la creencia, aunque no permite establecer dónde ni cuándo nació.

No hay un origen único comprobado para el “té de tanga”. Atribuirlo a un país, una época o una persona concreta requeriría documentación que permita seguir su historia. Que existan relatos similares en distintos lugares tampoco demuestra que todos provengan de una misma tradición.

Entre las versiones que circulan aparece una que lo relaciona con Cleopatra. Sin embargo, no hay documentación histórica fiable que permita afirmar que lo utilizó. Sí se conservan testimonios de magia amorosa en el antiguo Egipto: el Museo Británico, por ejemplo, tiene un papiro con fórmulas que incluyen hechizos de amor. La existencia de esos textos no demuestra que fueran el origen del “agua de calzón” ni que Cleopatra recurriera a esa práctica.

La diferencia importa: una cosa es que las personas hayan buscado durante siglos fórmulas para conseguir amor y otra es presentar una anécdota sin respaldo como un hecho histórico.

Hoy, la televisión y las redes ofrecen un nuevo espacio para que esas historias circulen. Una mención puede convertirse en un recorte, despertar preguntas y multiplicarse entre comentarios. Esa visibilidad, sin embargo, no permite saber cuántas personas creen en el ritual o lo practican.

Más allá de la curiosidad, también aparece una cuestión de consentimiento: incorporar algo a la comida o bebida de otra persona sin que lo sepa no es una forma aceptable de conquistarla. Los amarres prometen resolver la incertidumbre de los vínculos, pero ninguna preparación tiene un poder demostrado para decidir lo que siente otra persona.

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