Pertenecer a ese 1%, un selecto grupo de personas que surcan el cielo en globo aerostático.
Por: Nahuel Leto
El día anterior habíamos recibido el llamado de Adrián Barozza es tiempo de volar y vivir esta experiencia nueva, el cuerpo se llena de emociones extrañas y adrenalina, el piloto nos estaba avisando que las condiciones del tiempo eran óptimas para volar en Globo aerostático y nosotros éramos parte de la tripulación.
Casi sin dormir, bien temprano comenzamos los preparativos, para dirigimos hacia Carlos Keen un lugar de casas bajas, estancias, grandes extensiones sembradas, caballos, vacas y ovejas pastando y si ese aroma a campo argentino.
Nos encontramos con el piloto quien nos recibe junto a los compañeros de viaje enseguida nos ponemos a trabajar junto al equipo, hay que preparar todo.
Adrián Barozza se mantiene muy enfocado en que todo este perfecto y en ese sentido lo que hacemos es prestarle toda la colaboración posible. El globo se encuentra desplegado en el campo totalmente desinflado.
En poco tiempo con el accionar de los ventiladores y los quemadores se abre un inmenso espacio en el interior del globo.
Adrián Barozza es piloto desde el año 1995 tal vez alentado por esa tradición de padre a hijo y lleva acumuladas más de 2100hs de vuelo, ha volado en todo tipo de geografías desde llanuras pasando por valles, sierras y montañas, en ocho países de Latinoamérica y Europa, además de ser un piloto instructor ha participado de torneos nacionales e internacionales y en vuelos para eventos y TV, todo esto es algo que se nota y da seguridad a la hora de alistarse para volar.
Con el Globo levantado del suelo y amarrada la canasta nos preparamos para el inminente despegue, todos nos acomodamos para despegar, no hay tiempo para pensar en nada, nos elevamos como por arte de magia, atrás quedó en el suelo cualquier tipo de emoción encontrada, el despegue es lento pero seguro como en un estado de levitación, yo lo describiría como un suave ascenso.

Una vez arriba las vistas se abre a 360º, podemos disfrutar de vistas únicas, podemos apreciar a lo lejos la Basílica de Lujan y la vida cotidiana del pueblo, pero también el impresionante paisaje rural, los campos sembrados parecen parches de tela, se ven diminutas las personas, los animales y el tránsito de las calles y rutas.
La aventura dura aproximadamente dos horas y media, dependiendo de la dirección y velocidad del viento, nos mantiene a una altura entre150 y 300 metros, recorremos una distancia de alrededor de 15 km, una sensación de estar librados a los caprichos del viento, allá arriba sentís la libertad de los pájaros.
El piloto nos cuenta cómo funciona todo como puede regular la altura con un impulso de los quemadores que calientan el aire dentro del globo y en un segundo empezamos a ascender para sobrevolar una arboleda.
También nos dice “cada viaje es distinto” continúa contándonos que “la incertidumbre de donde aterrizaremos da esa sensación de lo inesperado de la aventura” a esto se suman las anécdotas de otros viajes y sobre todo de los aterrizajes en campos extraños, como también de aquel campeonato en donde la altura les hizo pasar un raro momento a 4.000 metros de altura.
Es hora de aterrizar y desde la altura Adrián Barozza trata de seleccionar un lugar sin siembra, sin animales y próximo a un camino, nos avisa que nos sujetemos fuerte y que flexionemos las piernas, para amortiguar el arrastre del viento sobre la tierra.
El viento es muy suave, la barquilla y el globo se posan suavemente sobre el campo, una vez en tierra nos recibe José (el encargado del campo), como si nos estuviera esperando, nos dice que siempre veía pasar el globo, emocionado “al fin aterrizaron en mi campo” nos dice con si nos hubiera estado esperando toda la vida.
Al final nos sacamos esa foto de grupo la cual certifica que somos parte de ese selecto grupo de personas, ese 1% en el mundo que viajo alguna vez en globo aerostático.
Desarmamos el globo mientras esperamos que el vehículo de apoyo nos encuentre, mientras Barozza nos cuenta sobre el proyecto de cruzar el Río de la Plata y conectar Uruguay y Argentina, un proyecto pendiente que se viene volando.










